"Si me hubieran puesto trabas desde el Elíseo, se habría puesto en juego la democracia"

 

Diana Garrido. Foto: María Cabal. Madrid, 15/04/2012.


Una apuesta arriesgada la del director francés Xavier Durringer, de realizar un biopic sobre Nicolás Sarkozy, que en pocas semanas se juega continuar en el Elíseo. El film narra la carrera de obstáculos que encontró el presidente para llegar al poder en 2002. Pese a la polémica que ha levantado en Francia, al público puede disfrutar de una película de intrigas y traiciones, que consigue provocar una carcajada incluso frente a las situaciones más dramáticas.

 

Hemos visto otras películas, como La dama de hierro, que hablan de personajes poderosos, un tiempo después de sus logros. ¿No ha resultado difícil hacer una película de alguien que se encuentra en la carrera electoral, sin ninguna distancia histórica?

Esa es precisamente la dificultad, conseguir tomar distancia con un personaje al que ves todas las noches en televisión. El 99% de lo que aparece en la película es verdad desde el punto de vista político. No podía trabajar sobre rumores. En primer lugar no tenía derecho de hacer la película, porque no se puede hacer eso sobre alguien sin haber pedido permiso. Y yo no pedí ningún permiso. Tenía 13 abogados que contrastaban continuamente las fuentes.

 

¿La vida de Sarkozy es una ficción?

Si hubiera tenido que escribir una película sobre un hombre que llega al poder, nunca me habría imaginado algo parecido. Nunca habría podido inventar una ficción en la que un hombre de 1.65 cm decida, como Sancho Panza, luchar contra dos hombres, Chirac y Villepin, que miden 1.93 cm para conseguir el poder y lo logre. Sería una comedia pura.

 

¿Cómo ha tratado la relación entre periodismo y política?

Sarkozy ha puesto en marcha algo que se llama el storytelling, una forma de poner en escena su vida día tras día. Convoca a la prensa cuando hace footing, va en bici, monta en barco, queda con sus amigos, etc. Ha sobrepasado los límites de apariciones en pantalla. Hoy en día, tiene más portadas que Johnny Deep, Javier Bardem y Brad Pitt juntos. Es cierto que los medios también han necesitado a ese animal político para vender periódicos. Pero hay varias formas de periodismo. Por ejemplo, el presidente elige siempre en sus viajes a unos pocos periodistas a los que introduce en su vida, les puede decir frases ocurrentes, puede tratarlos de forma amistosa, establecer confianza, etc. Es un juego peligroso, el tener esa representación continua. Incluso cuando su mujer le abandona. Es fabulosa la escena en que él está triste removiendo el café, justo cuando acaba de dejarle su mujer, y se abre el plano y hay 30 periodistas filmándole. Es increíble cómo representa incluso su tristeza ante las cámaras.

 

En esta especie de reality-show que monta Sarkozy, parece que pesa más ese carisma que las ideas políticas.

Cada partido exige una forma de representación. Mientras por ejemplo, François Hollande y Rajoy son más discretos, tenemos a Sarkozy, Putin o Berlusconi que muestran su vida sin tapujos y hacen reír a la gente. En la campaña francesa de ahora, vemos ese juego de las frases ocurrentes para provocar la risa, creyendo que acrecientan el cariño del público. La gente me dice que el Sarkozy de la película resulta simpático. Y les digo, por eso le votó el 53% del electorado. Hay que ver la cinta como un memento de 2002 a 2007. Qué dijo entonces y qué ha hecho en este tiempo. Pero no porque alguien nos parezca divertido o nos emocione, va a ser un buen político. Yo no voto a alguien gracioso, voto al político.

 

¿Cómo fue el proceso de creación de los personajes para conseguir ese parecido con los originales?

En realidad, Denis Podalydès no se parece físicamente a Sarkozy. Decidimos no trabajar con efectos especiales como orejas o una nariz falsa, sino volcarnos en el talento de los actores, con la alquimia interior. El actor no imita a Sarkozy. De hecho, cuando ves al original, crees que es una caricatura de Podalydès. Sin embargo, con Dominique de Villepin, sí que buscamos alguien alto y elegante, porque la elegancia no se interpreta, es algo innato que se tiene o no. Para Chirac, busqué alguien popular, y Bernard Le Coq lo es, porque era Mr. Schweppes. Si hubiéramos tenido un solo personaje que no fuera creíble, el filme estaría muerto.


 

La película llega a España en medio de la carrera presidencial francesa, pero en Francia se estrenó hace un año, ¿no sería ahora el momento adecuado para el lanzamiento?

El filme no tiene vocación de cambiar el voto de las personas. Habla de un sistema. No quería meter la cabeza de Sarkozy bajo el agua, ni tampoco ensalzarle. Creo que a la gente que le gusta el presidente sale de la película reafirmando su gusto, y los que le odian entienden porqué le odian. No va a cambiar nada, sino que habla de un sistema. Y dentro de 50 años no sabemos qué quedará de Sarkozy, por lo menos tendremos esta película para ver cómo se hacía política.

 

¿Cree que es fácil para el público verse seducido por la película?

La dificultad al estrenar la película, era que a los que les gustaba Sarkozy, no querían ver la película; y a los que no les gustaba pensaban que porqué pagar por verla en el cine. El trabajo fue mostrar que no era sólo sobre el presidente, sino sobre los engranajes políticos en general. Una película que resultaba a la vez divertida, porque es una enorme farsa.

 

¿Y para el espectador español?

Para el público español, tampoco hay que conocer la política francesa para entender la película. Se trata de un combate político, que puede existir en cualquier lugar. Son también historias de amor y de traición, a veces totalmente dramáticas, aunque divertidas. Cuando me enteré de que cuando le deja su mujer, coge a ocho guardaespaldas para recorrer el aeropuerto en su búsqueda, no podía creerlo. Son escenas increíbles.

 

¿Le han puesto trabas desde el Elíseo cuando supieron que salía la película?

No, porque se ponía en juego la democracia. Nos preguntaríamos si vivimos en una democratura (democracia + dictadura) o en una verdadera democracia. Y demostramos que a pesar de todo, vivíamos en una democracia.

 

¿Sabe si Sarkozy ha visto la película?

Él ha declarado a la revista Telerama, antes del lanzamiento de la cinta, que verla no sería bueno para su salud mental y que preferiría ir al psicoanalista. Para mí, fue una gran victoria.

 

¿Qué le parecen las declaraciones del presidente francés sobre España?

Me parece dramático lo que ha dicho sobre Zapatero, diciendo que si la gente vota a Hollande, pasará en Francia lo mismo que en España. Pero de qué habla: si cae España, Francia caerá también. Porque toda Europa irá detrás, es como un juego dominó. Primero trabaja junto a Zapatero y ahora le mata porque ya no está, para quedar bien. Siempre dice las cosas que la gente quiere oír. Hace política dependiendo de los sondeos. Y dice, no somos de derechas ni de izquierdas, sólo gente de buena voluntad. La violencia de la política radica en ver cómo el político puede pasar de un punto a otro incluso en el mismo día.

 

 

 

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