"Nuestra clase", las heridas de una guerra

 


Vicente Rodrigo. Madrid, 13/05/2012.


Un grupo de diez estudiantes comparte escuela e infancia en la dividida Polonia que antecedió a la II Guerra Mundial. Con el transcurso de los años y en pleno conflicto bélico, esos vínculos mantendrán irremediablemente ligados el destino de sus vidas.


La primera mitad del siglo XX dividió al mundo en torno a un odio al contrario que marcó la infancia de la generación que creció bajo el prisma de la II Guerra Mundial. Esos primeros y decisivos años en la vida de una persona en los que se germina en buena parte lo que uno termina siendo.


La compañía Factoría Escénica Internacional representa a cinco católicos y cinco judíos que son protagonistas directos de un episodio de la Historia universal para olvidar. En total, tres intensas horas que dejan al espectador pegado a la butaca ante la consternación de las historias que entran en escena.


Con un uso magnífico de la escenografía y en la sensacional Sala Guirau del Fernán Gómez el espectador empatizará con todos y cada uno de los personajes en escena, perfilados psicológicamente a la perfección dentro de una historia donde el blanco y el negro no existen: una historia de matices, de hacer un esfuerzo por conocer y entender cada una de las posiciones.


Carme Portaceli dirige un texto que alcanza su punto más álgido con la masacre ocurrida de la ciudad polaca de Jedwabne en 1941, cuando cerca de 1.600 judíos murieron quemados tras ser hacinados en un granero. Un sobrecogedor relato que pone de manifiesto que el odio y la crueldad no eran de importación nazi o soviética, sino de las mismas entrañas de la sociedad polaca.


La calidad interpretativa es notable y la variedad de personajes enriquece el devenir de la obra, si bien es cierto que el texto requiere de antemano una concentración absoluta para que el espectador pueda dejar bien atados todos los cabos de la historia. Destaca el elenco femenino, en especial el personaje de Dora, interpretado por Carlota Olcina así como el personaje de Rysiek que tan intensamente encarna Xavier Ripoll.


Una historia de odio, rivalidades, de oportunismos políticos, de crueldad sin límites y defensa de valores sectarios, pero a la vez un relato que retrata la solidaridad, el compañerismo, la resignación y lo mucho que un ser humano está dispuesto a entregar incluso en situaciones límite.



 “Nuestra clase” se acerca a este punto de la historia para narrar en primera persona diez historias individuales donde no hay bando bueno ni malo, vencedores ni vencidos: sólo el espíritu atormentado de diez seres humanos que saben que han entregado su vida a una causa que lejos de reportarles bienestar personal sólo les ha convertido en peores personas.


“Nuestra clase” se representa desde el 19 de abril en el Teatro Fernán Gómez.

 

 

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